EL COMIENZO DEL FIN
DEL BOSQUE ATLÁNTICO

La región oriental de Paraguay alberga el Bosque Atlántico, un ecosistema vital de especies únicas de plantas y animales solo superado por el Amazonas y una de las áreas naturales más ricas del planeta. Pero cada año la deforestación destruye miles de hectáreas de bosques en la región, afectando a comunidades enteras y devastando la fauna y la flora. En medio de esta destrucción ambiental se encuentra el agroindustrial brasileño Ulises Rodríguez Teixeira.

11 de noviembre de 2021

Nota de la editora: Este informe se basa en documentos y datos públicos y privados, así como entrevistas con casi dos docenas de personas, incluidos funcionarios y exfuncionarios ambientales del gobierno, economistas, biólogos, indígenas, académicos, técnicos e investigadores que han sido testigos de la deforestación en la región oriental de Paraguay y las razones por las que ha ocurrido.

Cinque Terre

Por Aldo Benítez

Corresponsal/Bajo la Lupa

Hace diez años, la estancia Paso Kurusu cubría 21,834 hectáreas en el Bosque Atlántico y su terreno era considerado una de las reservas forestales más importantes de Paraguay. En ese momento, el Fondo Mundial para la Naturaleza clasificó el bosque como esencial para la conservación de corredores naturales de árboles viejos en la región oriental de Paraguay, una zona de amplias llanuras, valles y tierra roja.

En los años posteriores, el bosque en Paso Kurusu ha sido destruido.

Casi 20,000 hectáreas fueron despojadas de los árboles entre 2011 y 2020, a pesar de una ley nacional vigente desde 2004 que protege el Bosque Atlántico y prohíbe la tala de árboles. El dueño de esta tierra ahora arrasada es el empresario brasileño Ulises Rodríguez Teixeira.

Desde que Rodríguez Teixeira se instaló en Paraguay hace más de dos décadas, los funcionarios ambientales dicen que se ha convertido en uno de los deforestadores más prolíficos de la región oriental, donde Paraguay comparte frontera con Argentina y Brasil.

Los registros de las agencias gubernamentales de protección ambiental de Paraguay durante los últimos 10 años muestran que ningún otro empresario del sector agroindustrial ha acumulado tantas denuncias ni ha sido objeto de tantas investigaciones.

En 2017, Rodríguez Teixeira recibió la multa más grande jamás impuesta por el Ministerio de Medio Ambiente de Paraguay – USD $ 216,700 – por la deforestación de 12 propiedades que poseía entre 2011 y 2012. El Ministro de Medio Ambiente en ese momento, Rolando de Barros Barreto, firmó la orden. Pero cuatro años después, Rodríguez Teixeira no ha pagado la multa. Apeló la medida y la cuestión sigue sin resolverse en los tribunales de Paraguay.

“El nombre de Rodríguez Teixeira es referencia a la hora de hablar sobre la deforestación en la región oriental”, dice de Barros Barreto, ex ministro del ambiente en una entrevista.

A pesar de las estrictas regulaciones ambientales de Paraguay, como la ley de Deforestación Cero que ha estado en vigor desde 2004, los datos del sistema satelital Global Forest Watch muestran que 1,276,471 hectáreas fueron arrasadas en diez de los 14 departamentos de Paraguay que forman parte del Bosque Atlántico entre 2004 y 2019. En todo ese tiempo, ni una sola persona fue condenada a la cárcel por deforestación.

No hay suficientes funcionarios ambientales para hacer cumplir las regulaciones de deforestación en Paraguay, un país de 7 millones de personas que tiene aproximadamente el tamaño de California. Y no hay jueces especializados en derecho ambiental, lo que significa que sus decisiones no suelen basarse en preocupaciones ambientales.

Luego, también existen preocupaciones económicas. El Bosque Atlántico viene siendo talado por empresas agroindustriales para dar paso a la lucrativa producción de soja y producción ganadera para la exportación de carne. Las exportaciones de soja generan un poco más de USD $ 3 mil millones por año, según la Plataforma Nacional de Commodities Sostenibles, lo que convierte a Paraguay en uno de los mayores exportadores de soja del mundo.

La ganadería paraguaya mueve unos USD $ 1,350 millones por año en exportación de carne, ubicando al país entre los principales proveedores del mundo. En la región oriental, donde esta el Bosque Atlántico, se concentra el 52 por ciento de todo el ganado del país, según datos de la Mesa Paraguaya de Carne Sostenible.

La historia de la deforestación del Bosque Atlántico obedece al nulo cumplimiento de las leyes ambientales y a los grandes intereses económicos en competencia que se desarrolla en Paraguay. Estos vínculos se dan con Brasil, que comparte el bosque con Paraguay, y resuena en toda América Latina.

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Tucanet azafrán en el Bosque Atlántico. Foto: Shutterstock

“No hicimos nada para evitar la destrucción del Bosque Atlántico del Alto Paraná”, dice Fátima Mereles, ex presidenta del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de Paraguay. “Hoy, todo el Bosque Atlántico está perdiendo su capacidad de recuperación”. 

La mayor parte de la tierra de Rodríguez Teixeria se encuentra en el Bosque Atlántico, una región biodiversa con más de 2,000 especies de animales. El bosque alberga más de 930 especies de aves. Y hay más de 20,000 especies de plantas en el Bosque Atlántico, el 40 por ciento de las cuales no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra. Se han registrado al menos 450 especies de árboles en solo una hectárea del Bosque Atlántico.

El Bosque Atlántico es superado solo por el Amazonas en importancia ecológica y ambiental en América Latina, según el Fondo Mundial para la Naturaleza. Pero también es considerado uno de los más amenazados.

El majestuoso bosque una vez se extendió por más de 1,294,994 kilómetros cuadrados en Brasil, Paraguay y Argentina. En los últimos 10 años, el 85 por ciento del bosque original fue arrasado, dejando solo 194,249 kilómetros cuadrados intactos.

La región oriental de Paraguay alberga el Bosque Atlántico, un ecosistema vital de especies únicas de plantas y animales, solo superado por el Amazonas y una de las áreas naturales más ricas del planeta. Foto: Shutterstock

Paraguay posee una riqueza de ecosistemas que los biólogos y especialistas ambientales consideran únicos. Dividida en dos regiones distintas, la oriental y la occidental, cada una forma parte de una importante ecorregión de América Latina.

En la región oriental, el Bosque Atlántico cubre diez departamentos y al menos veinte áreas silvestres protegidas, incluida la Reserva de la Biosfera del Bosque Mbaracayú, una de las dos biosferas naturales reconocidas por la UNESCO en Paraguay. La otra es la Reserva de la Biosfera del Chaco.

En la región occidental, la parte alta del Chaco paraguayo forma parte del Gran Pantanal, el humedal más grande del mundo, compartido con Bolivia y Brasil. Algunos especialistas lo consideran el ecosistema con mayor biodiversidad del planeta. Es el hogar de especies como la nutria gigante (Pteronura brasiliensis) y el armadillo gigante (Priodontes maximus) que están clasificados en peligro de extinción y no se encuentran en ningún otro lugar del mundo.

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Infográfica por Rodrigo Pujol.

Luego está el acuífero Guaraní, el tercer reservorio subterráneo de agua dulce más importante del mundo. El acuífero cubre partes de Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. En Paraguay, 10 de los departamentos que forman parte del Bosque Atlántico se encuentran en el acuífero.

Las áreas silvestres protegidas fueron establecidas en 1994 por el gobierno paraguayo en respuesta a la alta tasa de deforestación que ya estaba ocurriendo. La idea, en principio, era crear un sistema donde la intervención público-privada aseguraría la conservación.  

Pero 27 años después, la deforestación continúa.

Es en esta zona conocida como Bosque Atlántico Alto Paraná, critica para el ambiente, donde Rodríguez Teixeira se asentó y estableció sus operaciones de ganadería y soja.


PARAGUAY, PAÍS DE OPORTUNIDADES

Ulisses Rodrigues Teixeira tenía menos de 40 años cuando llegó a Paraguay a fines de la década de 1990. Provenía del estado de Paraná, en el sur de Brasil, donde ya era un influyente empresario. En 1992, representó al gobierno brasileño durante su 21ª Misión Económica a Japón. En Paraná, su familia aún tiene inversiones y empresas en el sector agrícola.

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Infográfica por Rodrigo Pujol.

Se instaló entre los departamentos de San Pedro y Canindeyú, pero no fue el único empresario brasileño que echó raíces en la región. En esta zona de Paraguay cercana a la frontera con Brasil las inversiones tienen acento portugués. Para Teixeira fue como estar en casa.

Los brasileños comenzaron a llegar a Paraguay en la década de 1960, atraídos por tierras cultivables baratas en la región que limita con Brasil. Talaron árboles para la agricultura a gran escala, una actividad que fue bien recibida por el gobierno nacional paraguayo como una forma de convertir tierras “improductivas” en comunidades que podría mejorar la vida de las familias campesinas. Como para subrayar el punto, hay fotografías de los años 60 y 70 e incluso de los 90 con personas posando con enormes troncos de madera nativa, recién cortados y cargados en camiones en regiones del Bosque Atlántico.

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Una fotografía tomada en el Departamento Central por el diplomático estadounidense Harold Eugene Davis.

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En los años 50 y 60, el desmonte de árboles era algo cotidiano. Un hombre lleva en carreta un enorme tronco de un árbol recién cortado. Foto de la colección del fotógrafo Harrison Forman.

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Una foto de los primeros aserraderos de Salto del Guairá. Foto de la colección privada de Valentín Gamarra

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Un grupo de trabajadores de aserraderos posa con los enormes troncos sacados del Bosque Atlántico.

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Unas personas posan con un enorme tronco de una especie de cedro. Foto del grupo de Facebook Caaguazú Antiguo

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La industria de la soja de Paraguay fue iniciada por productores brasileños que ayudaron al país a convertirse actualmente en el sexto mayor productor de soja y el cuarto mayor exportador del mundo. Argentina, Brasil y Rusia son los mayores compradores de las exportaciones de soja de Paraguay, que contribuyen con el 18 por ciento del PIB del país.

Hoy, aproximadamente el 14 por ciento de toda la tierra cultivable en Paraguay, unas 454,286 hectáreas, está en manos de empresarios brasileños, según De Olho nos Ruralistas, una organización de investigación que se enfoca en los agro negocios en Brasil. A fines de 2019, había 137 empresas brasileñas en Paraguay, el 32 por ciento de las empresas que operan con capital extranjero, según el Banco Central de Paraguay. La gran mayoría se dedica a la agricultura.

En el lucrativo negocio de la soja, Rodríguez Teixeira es uno de los mayores actores de Paraguay, tanto como productor de soja como propietario que arrienda su tierra para la producción de soja.

Rodríguez Teixeira, quien en Paraguay usa la versión en español de su primer nombre con una s (Ulises) y su apellido con z (Rodríguez) al final, posee al menos nueve fincas y aparece como miembro de la junta en al menos otras dos empresas vinculadas a la agroindustria.

La gran cantidad de propiedades que posee es más de cinco veces el tamaño de Asunción, la capital de Paraguay. En solo cinco estancias, Rodríguez Teixeira tiene 50,534 hectáreas, todas ubicadas en el Bosque Atlántico. 

En muchas de las propiedades rurales que administra Rodríguez Teixeira, sus familiares también aparecen como propietarios. Por ejemplo, en los registros de INFONA, uno de los dueños de Paso Kurusu es su hija Renata Teixeira. Sus hermanos y otros familiares también aparecen como dueños de las propiedades.

Los datos del catastro rural de Paraguay muestran que Rodríguez Teixeira y su familia poseen al menos 10,000 hectáreas adicionales en otras áreas de Paraguay. Las extensas propiedades de tierra ubican a Rodríguez Teixeira en el sexto lugar entre los terratenientes brasileños en Paraguay, según un informe de De Olho nos Ruralistas.

A pesar de sus propiedades de tierra y operaciones de soja, la mayoría de los paraguayos no conocían a Ulises Rodríguez Teixeira. Pero eso cambió en octubre de 2009, cuando el periódico ABC Color publicó una bomba: Rodríguez Teixeira había cerrado un llamativo trato para vender su estancia Paso Kurusu al gobierno paraguayo.

ABC Color, uno de los diarios más leídos del país, informó que se había llegado a un acuerdo entre Rodríguez Teixeira y el gobierno del entonces presidente Fernando Lugo que establecía un pago de USD $ 30 millones por la estancia Paso Kurusu.

El periódico reveló que Rodríguez Teixeira había comprado la misma propiedad un año antes por USD $ 11 millones. La granja se iba a vender con un margen de beneficio de USD $19 millones de dólares.

La noticia sacudió a Paraguay y tres años después, en julio de 2012, el gobierno anunció que no compraría la propiedad.

En 2012, ocurrieron otros dos hechos notables.

El mismo mes que el gobierno se retiró de la compra de Paso Kurusu, Rodríguez Teixeira anunció planes para construir una fábrica de etanol en el rancho que generaría empleos y ayudaría a las comunidades indígenas y campesinas, así como a las pequeñas escuelas rurales que rodeaban su propiedad.

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Niños juegan en un camino de tierra en la comunidad indígena de Villa Ygatimi en el departamento de Canindeyú. Foto: Pánfilo Leguizamón

Un mes después, en agosto de 2012, casi 7,000 hectáreas de bosque en la estancia Paso Kurusu fueron destruidas en un gran incendio que los bomberos y el Ministerio del Ambiente confirmaron fue intencionalmente provocado. La investigación del incendio nunca resultó en la identificación o el arresto de los responsables.

La propuesta de la fábrica generó entusiasmo en San Pedro, donde se encuentra la mayor parte de la estancia Paso Kurusu. San Pedro ha sido históricamente uno de los departamentos más pobres de Paraguay, obteniendo la poco envidiable clasificación de tener el segundo nivel más alto de pobreza extrema en el país. La fábrica prometió generar empleo para cientos de familias. Pero pasaron los años y la fábrica de etanol nunca se materializó en Paso Kurusu.

Crecimiento económico y reducción de bosques

San Pedro, una región de granjas en expansión y bosques en disminución cerca de la frontera entre Paraguay y Brasil, tiene uno de los niveles más altos de pobreza del país. Sin embargo, en medio de la pobreza, San Pedro es un hervidero de actividad agroindustrial.

En los últimos 20 años, la región ha experimentado un crecimiento extraordinario en las plantaciones de soja, de 33,700 hectáreas de soja en 2000 a 360,000 hectáreas en 2021, según datos del censo oficial del Ministerio de Agricultura.

Lo mismo ocurre en Canindeyú, el departamento vecino que limita con Brasil. La superficie utilizada para las plantaciones de soja y otros granos aumentó de 238,100 hectáreas en 2000 a 660,000 hectáreas este año.

En una vasta extensión de tierra entre las regiones agrícolas de San Pedro y Canindeyú, Ulises Rodríguez Teixeria hizo su fortuna — en tierras que formaban parte del Bosque Atlántico Alto Paraná, un majestuoso remanente de bosque nativo, rico en flora y fauna que solo es superado por el Amazonas en biodiversidad en América del Sur. Hoy, casi nada queda de esta verde selva tropical.

Según el sistema satelital de monitoreo forestal Global Forest Watch, San Pedro y Canindeyú perdieron 585,461 hectáreas de cobertura forestal desde 2001 hasta 2021.

Era una época en la que internet aún no llegaba a un número significativo de paraguayos y pocas personas estaban al tanto de la creciente deforestación. Pero con el paso del tiempo, Ulises Rodríguez Teixeira dejó de ser el brasileño conocido por el “caso de Paso Kurusu” y se convirtió en el empresario brasileño vinculado a la deforestación.

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Ulises Rodríguez Teixeira (izquierda) habla con un grupo de campesinos en una finca cerca de su propiedad. Foto: Archivo ABC Color

No es casualidad que el crecimiento de Rodríguez Teixeira como terrateniente sea paralelo a la deforestación en San Pedro y Canindeyú. A medida que ha crecido la demanda mundial de soja, la tierra ha sido deforestada sistemáticamente a pesar de las leyes ambientales que prohíben la tala en la región desde 2004.

En San Pedro, Rodríguez Teixeira arrienda casi toda su estancia Paso Kurusu – unas 20,000 hectáreas – al Grupo Pereira SA, una empresa que a su vez trabaja con un grupo de agricultores para producir soja, girasoles y granos.

Las tierras agrícolas en el área de San Pedro se arriendan por alrededor de USD $ 300 por hectárea por año, dependiendo de los precios del mercado. Eso representa aproximadamente USD $ 6 millones por año en ingresos para Rodríguez Teixeira únicamente en la estancia Paso Kurusu. Pero los intereses comerciales de Rodríguez Teixeira se extienden más allá de la ganadería y la agroindustria.

Su último proyecto es la construcción de un hangar aeroportuario en Luque, a 15 kilómetros de Asunción, cerca del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi, con capacidad para al menos una decena de aviones y helicópteros. Según el Informe de Impacto Ambiental del proyecto, la obra abarca 6,060 m2 con una inversión inicial de USD $ 725,000.

También está expandiendo sus operaciones comerciales a los Estados Unidos. El 5 de agosto, Rodríguez Teixeira y varios familiares registraron una nueva empresa: Teixeira International Investment LLC en Citrus Park, Florida, una comunidad al norte de Tampa, según documentos presentados ante la División de Corporaciones del Departamento de Estado de Florida.

Quienes conocen a Rodríguez Teixeira dicen que tiene un enfoque práctico para la operación de sus estancias, que siempre está atento a lo que sucede en su tierra. Prefiere estar en sus campos que en la oficina. Supervisa directamente cada detalle de las operaciones.

En las comunidades indígenas cercanas a sus propiedades, Rodríguez Teixeira es visto como un feroz defensor de su tierra. Otros que lo han tratado dicen que es un hombre de negocios ágil enfocado en solucionar personalmente los problemas, especialmente cuando se trata de denuncias de violaciones ambientales. El método de Rodríguez Teixeira para tratar las quejas, dicen, es rápido y efectivo. 

Vale destacar aquí un ejemplo: En diciembre de 2010, el Congreso Nacional aprobó una ley que destinó 15,223 hectáreas de Paso Kurusu como área silvestre protegida con el objetivo de resguardar los bosques de esa propiedad. 

Rodríguez Teixeira apeló ante la Corte Suprema y en octubre de 2013, el máximo tribunal del país declaró inconstitucional la ley como había solicitado Rodríguez Teixeira. Pero la decisión simplemente ratificó lo que ya se había hecho: la tierra había sido arrasada antes de que se emitiera la decisión de la Corte Suprema.

Una de las tantas intervenciones realizadas por el Ministerio del Ambiente en la Estancia Paso Kurusu, propiedad de la familia Rodríguez Teixeira. En este caso, fue una investigación abierta en el 2015. Foto: Archivo MADES.

LAS DENUNCIAS, LA ESTRATEGIA

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Paraguay (MADES) ha realizado 21 investigaciones de denuncias ambientales contra Rodríguez Teixeira – 13 por posibles violaciones ambientales y ocho inspecciones. En solo ocho casos ha pagado multa, según datos de MADES.

El Instituto Nacional Forestal (INFONA) ha realizado cinco intervenciones adicionales de 2018 a 2020 en los ranchos de Rodríguez Teixeira. Tres casos se debieron a denuncias de un cambio no autorizado en el uso de la tierra y dos casos se relacionaron con el desmonte ilegal. Todos los casos están bajo investigación.

La Fiscalía Ambiental también ha abierto ocho investigaciones, relacionadas con la tala, la deforestación, el uso de la tierra y otros tipos de violaciones ambientales, a las empresas de Rodríguez Teixeira desde 2010.

Dos son recientes, se abrieron en julio de 2020 y se centran en dos fincas propiedad de Rodríguez Teixeira en 10,098 hectáreas que se extienden por dos departamentos. La estancia Yby Pora, que en el idioma guaraní nativo de Paraguay significa “buena tierra”, se encuentra en el departamento de San Pedro, mientras que la estancia Santa Teresa está en el departamento de Canindeyú. Los fiscales ambientales de ambos departamentos han estado investigando la deforestación de al menos 1,500 hectáreas en la propiedad desde el 15 de julio de 2020.

En julio de 2020, la Fiscalía intervino en la estancia “La Suiza”, ex “Señorita”, que según el número de padrón corresponde a los propietarios de Paso Kurusu, también a nombre de la familia de Rodríguez Teixeira. Allí se confirmó que hubo tala de bosques nativos. Foto: Archivo Ministerio Público.

Al igual que la Fiscalía Ambiental, el INFONA también está investigando la deforestación en esta propiedad de Rodríguez Teixeira.

Los indígenas de la comunidad Kavaju Paso alegan que la empresa XT Paraguay anexó al menos 123 hectáreas pertenecientes a la comunidad a la finca Yby Pora. En una entrevista con Bajo la Lupa, Salvador Esquivel, líder de esta comunidad, afirma que la tierra reclamada fue vallada hace años por XT Paraguay, que está utilizando ese terreno ahora para plantaciones de soja.

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Las comunidades indígenas son las que más sufren el problema de la deforestación en el Bosque Atlántico. Muchas comunidades indígenas han enfrentado la falta de agua por una fuerte sequía. Foto: Pánfilo Leguizamón

Ha surgido un patrón en las denuncias ambientales que involucran las propiedades de Rodríguez Teixeira.

Primero, la tierra está despejada de árboles. Si se produce una intervención de las autoridades, ya sea MADES o INFONA, Rodríguez Teixeira paga la multa o acude a los tribunales y con esto se retrasa el proceso. Posteriormente, el área que ha sido despojada de árboles se designa como un cambio de uso de la tierra y se utiliza para plantaciones a pesar de una ley que prohíbe la actividad. 

Así sucedió con la estancia Paso Kurusu, donde a pesar de la deforestación verificada por las autoridades a lo largo de los años, hoy sus tierras son usadas para plantaciones. El último paso es que la tierra termina siendo alquilada a terceros para la agricultura y Rodríguez Teixeira aparece en los registros gubernamentales no como un productor de soja sino como alguien que alquila tierras de cultivo.

El resultado de esta estrategia, que se ha repetido una y otra vez, es que la tierra se convierte para uso agrícola y no se devuelve a su estado natural de bosque nativo.

El exministro del MADES recuerda otra estrategia: Rodríguez Teixeira generalmente no cumple con los requisitos ambientales impuestos por el gobierno.

Las licencias ambientales otorgadas a Rodríguez Teixeira le han obligado a reforestar las áreas que destruyó. Estas licencias ambientales se emiten para autorizar y controlar actividades como la agricultura y la instalación de fábricas para garantizar que no tengan un impacto ambiental negativo o, al menos, tengan un impacto mínimo en el medio ambiente.

“Para renovar sus licencias, el se comprometía a recomponer con especies nativas las áreas afectadas, cosa que nunca cumplió”, dice de Barros Barreto.

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Infográfica por Rodrigo Pujol.

Julio Mareco, director de inspección de MADES, señala que desde que comenzó a trabajar en el Ministerio en 2004, no recuerda a otro empresario que haya sido foco de tantas denuncias o investigaciones.

“Tenemos varios sumarios donde las investigaciones han determinado que infringió las leyes ambientales de este país”, Mareco dice en una entrevista. “El infractor ambiental es aquel que cambia las condiciones naturales de un terreno. Y eso ha sido comprobado en varios de los sumarios abiertos contra las empresas Teixeira”, expone Mareco. 

Los funcionarios ambientales paraguayos del pasado y del presente han conocido las persistentes acusaciones de violaciones ambientales que iban surgiendo contra Rodríguez Teixeira con el paso de los años. 

María Cristina Morales, exministra de Medio Ambiente, recuerda haber ido “a una estancia en Santa Rosa del Aguaray, San Pedro, (en 2014) donde habíamos recibido una denuncia por deforestación de bosques nativos. Llegamos y comprobamos el caso. Los tractores todavía estaban allí “.

Morales recuerda detener a un miembro del personal que trabajaba en la estancia y preguntar quién estaba a cargo. El empleado le dijo que “la propiedad pertenecía a Ulises Rodríguez Teixeira”.

Una de las entradas a la estancia Aparay, de la familia Rodríguez Teixeira. En pleno corazón del Bosque Atlántico, esta propiedad de casi 5.300 hectáreas es utilizada para la agricultura mecanizada, casi en su totalidad. Foto: Pánfilo Leguizamón

Bajo la Lupa ha realizado repetidos intentos desde el 2 de agosto de contactar a Rodríguez Teixeira para este informe. Representantes de su empresa, XT Paraguay, dijeron en respuesta a solicitudes telefónicas para una entrevista que el abogado de Rodríguez Teixeira, Bader Rafael Torres, es la única persona autorizada para hablar en su nombre.

Desde hace casi un mes, con un intervalo de cada dos o tres días, Bajo la Lupa se ha puesto en contacto con Torres sobre este reportaje, ya sea por teléfono o por mensajes de WhatsApp.

En Consultora Alta Vista SA, donde Torres figura como uno de los socios, el personal del bufete de abogados dijo que Rodríguez Teixeira se comunicaría con Bajo la Lupa cuando estuviera disponible para una entrevista. Hasta la fecha, no se ha puesto en contacto con este reportero.

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Ulises Rodríguez Teixeira (izquierda) en una foto de archivo de 2011 con su abogado en ese momento, Eugenio Pereira, durante una de sus audiencias en la entonces sede del Poder Judicial de Santa Rosa del Aguaray en el departamento de San Pedro. Foto: Cristino Peralta / ABC Color

En los círculos ambientales, “Rodríguez Teixeira es un nombre emblemático para nosotros”, dice Oscar Rodas, director del Fondo Mundial para la Naturaleza-Paraguay (WWF-Paraguay). “Hace 21 años que venimos denunciando la deforestación en diversas propiedades de este empresario”.

Rodas señala que la deforestación de áreas como Paso Kurusu altera significativamente el ecosistema de la región. Pero a pesar de la documentación de daños ambientales, la maquinaria de desmontar árboles en las propiedades de Rodríguez Teixeira nunca se ha detenido.

TERRITORIO FERTIL

En Paraguay, solo hay 12 fiscales especializados en delitos ambientales. En localidades como Canindeyú o San Pedro, solo dos agentes responden a todas las denuncias. Además, en ocasiones tienen que atender otras denuncias no relacionadas con delitos ambientales.

Néstor Narváez es el único fiscal encargado de manejar todos los casos ambientales en el departamento de San Pedro, que es prácticamente del tamaño de Israel. También es una región que tiene constantes conflictos y denuncias por deforestación y otros delitos ambientales.

Pero eso no es todo. Narváez debe atender Delitos Civiles, de Niñez y Adolescencia y Económicos en la ciudad de Santa Rosa, a 77 kilómetros de la capital del departamento. “Tengo mínimo uno o dos juicios orales a la semana, audiencias preliminares tres o cuatro por día en Santa Rosa. Entonces procuramos atender todas las denuncias que nos llegan ”, dice Narváez,“ las más urgentes al menos ”.

Solo hay 11 fiscales que realizan investigaciones sobre deforestación y otros delitos ambientales en los 10 distritos que componen el Bosque Atlántico.

En tanto, en MADES, 15 inspectores deben atender todo tipo de denuncias por delitos ambientales, no solo las relacionadas con el desmonte o deforestación a nivel nacional.

El Departamento de Bosques y Asuntos Ambientales (DEBOA) de la Policía Nacional está ubicado en la ciudad de Capiatá, a 250 kilómetros del Bosque Atlántico. La oficina está equipada con una camioneta y ocho agentes para cubrir las quejas que recibe de todo el país.

Para agravar el problema, 2021 es el segundo año consecutivo en que el Congreso Nacional ha recortado el presupuesto anual de USD $ 4.4 millones de MADES. Los funcionarios de MADES dicen que no hay fondos para contratar personal adicional.

También hay una falta de jueces especializados en derecho ambiental, lo que a menudo significa que las determinaciones judiciales finales no se basan en preocupaciones ambientales.

En Paraguay las regulaciones ambientales parecen estrictas y parecidas en comparación con países vecinos. El problema está en la aplicación de las sanciones. En otras palabras, impunidad.

EL COMIENZO DEL FIN DEL BOSQUE

Rodas, director del WWF-Paraguay, cree que se ha perdido una gran oportunidad para crear un gran proyecto forestal sostenible en Paraguay.

La región oriental de Paraguay tuvo una vez 5,600,000 hectáreas de bosques, un área igual a la de Croacia, según un informe de la Universidad Nacional de Asunción. Hoy, solo quedan menos de 2,000,000 de hectáreas.

Un árbol solitario se encuentra en un campo de soja en lo que una vez fue el Bosque Atlántico. En los últimos 10 años, se ha talado el 85 por ciento del bosque. Foto: Alamy

La pérdida de la biodiversidad y un sistema forestal sostenido es insustituible.

“Podría estar produciendo alrededor de $20 millones de dólares al año, solo con el valor de la madera. Con un crecimiento sostenido, con un sistema para evitar la deforestación, el bosque productivo es mucho más valioso”, dice Rodas. “Hemos perdido demasiado. Es hora de encontrar formas de evitar seguir destruyendo, de apuntar a un sistema que pueda ser sostenible”.

WWF se ha cansado de informar sobre el desmonte de tierras en Paraguay, gran parte de propiedad de Rodríguez Teixeira.

Julio Mareco, director de inspección de MADES, dice que después de 17 años de emprender acciones legales tras acciones legales para detener la deforestación, él también se está cansando. Está cansado de realizar intervenciones legales en la tierra de Rodríguez Teixeira y ver que esos esfuerzos no han dado frutos en la restauración del Bosque Atlántico.

A medida que desaparecen más y más árboles con cada año que pasa, Mareco y otros que han trabajado para proteger el bosque están atormentados por un pensamiento inquietante. Si la deforestación continúa sin control, Paraguay terminará perdiendo su bosque y la región oriental quedará completamente desnuda.

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